Mi tercer intento. Permiso de conducir de la clase B
La examinadora saludó al subir al coche. Al parecer, había conectado con mi profesor pues tenían una conversación muy amena. Se parecían tanto en personalidad como en aspecto físico. Ambos con carácter afable y naturaleza robusta. Pertenecen al grupo de aquellas personas que invitan a ser auténtico y que a la vez muestran una autenticidad singular. Parece como si la vida pasara por ellos de manera energizante. Poco preocupados por el que dirán, se muestran abiertos, alegres y espontáneos.
Venían hablando de manera distentida, lo que en cierta manera agradecí pues los nervios del examen práctico se acrecientan si existe tensión por parte del examinador.
La examinadora se dirigió a mi diciéndome:”puedes comenzar cuando quieras; si no te digo lo contrario y si las señales lo permiten, debes seguir recto”.
Ya me había preparado. Tenía reglados los espejos, puesto el cinturón de seguridad y levantado el espaldar. Intenté repasar las palabras del profesor: “Recuerda la derecha en la próxima intersección, no te olvides de poner las luces en los túneles y cuando entres a la ronda llega a cuarta. Reduce después de salir”.
Me puse en marcha señalizando correctamente. Pasé la primera intersección y continué de frente. Seguía las indicaciones de la examinadora pensando siempre “si no te digo lo contrario, debes seguir recto”. Seguir esa indicación era muy importante para mí pues la segunda ocasión en la que me examiné, tome una calle a la izquierda sin que la examinadora hubiese dicho nada, y me encontré subiendo una pequeña colina por un camino muy estrecho, con coches aparcados en la cera y un contenedor en una esquina que me restaba visibilidad y me obligaba a maniobrar. Para salir de allí hube de ir con mucho cuidado pero salí airosa de aquella situación; al terminar aquella ruta me encontré con un stop que no marqué adecuadamente (no me detuve totalmente), y esa falta eliminatoria me hizo perder el examen.
La examinadora y mi profesor continuaban con su agradable conversación. La examinadora decía que las calles estaban estupendas porque había poca gente y yo pensaba para mí misma, -que suerte, las calles son para mí-.
Llegamos a la ronda y entré a ella apropiadamente. Encendí las luces y llegué a cuarta. Todo bien hasta ese momento, todo muy bien.
Las burbujas de la emoción querían subir por mi estómago pero no lo permití. -sólo hasta el final debo disfrutar y celebrar el triunfo- pensé. No quería que me sucediese lo que me ocurrió en mi primer intento.
En aquella ocasión la examinadora me pidió buscar un sitio para estacionar. Me dejé llevar por las burbujas y me emocioné pensando “eso lo haré muy bien”. Como quería encontrar sitio para aparcar, mi mente solo pensaba en ello y mis emociones estaban llenas de burbujas de placer descontrolado. Por ello, no ví que el semáforo cambiaba a amarillo y me detuve justo después de la línea de detención. En aquella ocasión perdí el examen como es de esperar, pero la emoción que sentí por haber conducido durante el examen incluso mejor que en las clases, me hacía pensar que el “SUSPENDIDA” que me dijo el profesor, era una broma.
Allí comencé a comprender que los tiempos entre la examinadora y yo eran muy distintos y que mis pequeños logros para ella eran algo insignificante. Cada día en que veo que conduzco y circulo mejor es una satisfacción para mí, pero es el examinador quien tiene la última palabra. Un fallo eliminatorio puede tenerse en cualquier momento, por una pequeña distracción, por cualquier cosa. Nunca hay que cortar la vía a un peatón, siempre marcar el stop, señalizar apropiadamente, encender las luces, circular a la velocidad apropiada. Si, la teoría es una cosa, pero la práctica es otra realmente distinta.
Mi examen continuó adelante y todo marchaba correctamente. La examinadora me pidió estacionar, -¡por fin!- pensé, pues en las anteriores ocasiones suspendí antes de poder hacerlo.
Estacioné correctamente. Salimos y comenzamos la ruta de vuelta al punto de salida.
La examinadora y mi profesor hablaban de Barcelona, de lo costosa que era, de los chocolates famosos de la tienda tal y de las ensaimadas deliciosas del lugar aquel. Ellos muy locuaces, yo muy intranquila.
El lugar de finalización estaba muy cerca. Me emocioné pensando que no tendría que seguir sacando tiempo de debajo de las piedras para hacer las clases y que no invertiría en ello más dinero. Las burbujas volvieron a mi estómago y las volví a contener. Vi un ceda el paso cerca del cuál reduje la velocidad, y seguí de frente, ¡SEGUI DE FRENTE!
Escuché un estruendo que no comprendí. Un pitido horroroso y un grito del profesor…
“¡ESTO NO LO ENTIENDO!” y me mostró con el dedo una señal de dirección prohibida. Yo tampoco lo entiendo, le dije. La examinadora me dijo: “es una lástima porque lo estabas haciendo muy bien”. Recordé la frase completa que me dijo al principio: ”puedes comenzar cuando quieras; si no te digo lo contrario y si las señales lo permiten, debes seguir recto”.
Me sentí muy mal, con un sentimiento de frustración muy grande. Ya se conducir y circular pero no he aprobado. Ahora debo tomar 8 clases obligatorias para volver a examinarme. Tengo ganas de dejarlo. Me expongo a perder otro examen y tener que tomar 12 clases más o 16 o 20…
¿De donde saco el tiempo? ¿porqué aprobar el examen no depende directamente de mi esfuerzo? ¿alguna sugerencia?
Labels: Permiso de conducir

1 Comments:
Hola!! :) a ver si dentro de nada consigues sacartelo. Muchas gracias por la visita y los coment en mi blog!! ;)
Espero que la próxima tengas más suerte..., tenme informada, ok??
Besito!!
...
PD: Por cierto, me preguntabas las prácticas que he tenido que dar, pues 32.
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